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El jugador de la camisa siete

San Andrés y Providencia. (Oficina de Prensa Indeportes Antioquia - 09 -2013). Las finas tiras del esparadrapo blanco contrastan con el color de su piel. Simétricamente alienadas protegen el tobillo y el dedo gordo del pie derecho, resentidos luego de tantas sesiones de entrenamientos. Sus pies son grandes y gruesos, además de fuertes, como es característico en las personas de raza negra. Es delgado, ágil y veloz. En el deporte comenzó como futbolista. Precisamente el fútbol se perdió de sus gambetas, gracias a que el rugby llegó a Urabá, particularmente al municipio de Apartadó, como una alternativa para los jóvenes que no encontraron en otras disciplinas las oportunidades para salir adelante.

Sentado en la tribuna, responde espontáneamente las preguntas que le hacen los periodistas. Reconocen en él a una de las próximas figuras del rugby en el departamento de Antioquia y en Colombia. Sobre su rostro, brazos y piernas continúa adherida la arena blanca. Son como pepitas que lo maquillan y a la vez lo camuflan, ganándose los jocosos comentarios de sus compañeros que entre carcajada y carcajada, comentan las incidencias del partido que acaba de terminar. Hace ocho meses, Mauricio Henao, entrenador de selecciones departamentales y nacionales, lo convenció para que dejara el fútbol y se vinculara con el rugby. Éste es un deporte relativamente nuevo en Colombia, pero muy ancestral en países como Nueva Zelanda, Francia, Inglaterra y Sudáfrica. El rugby se abre paso de a poco en diferentes departamentos del país, especialmente en Antioquia, Valle, Bolívar, Santander, Córdoba y Bogotá. Actualmente, más de ocho mil personas juegan rugby en el territorio nacional. Hay campeonatos organizados y participaciones internacionales que ayudan a labrar un promisorio futuro para los rugbistas colombianos.

Quizás estos fueron algunos de los factores que le llamaron la atención. Uno más, fue la gran oportunidad de radicarse en Medellín. Cuando tomó la decisión de dejar la práctica del fútbol para dedicarse al rugby, su familia fue la primera que dio el visto bueno. Un mes después de que fuera elegido, viajó desde Apartadó para instalarse en Medellín y en su nuevo hogar, la Villa Deportiva Antonio Roldán Betancur. Esta es la casa de los deportistas antioqueños de alto rendimiento que vienen desde los municipios, para representar al departamento en los diferentes certámenes deportivos nacionales e internacionales. Indeportes Antioquia es la entidad encargada de velar porque los atletas que viven en la villa demuestren excelentes resultados, en lo deportivo, lo académico y lo personal.

Tiene 20 años. Completa ya ocho meses viviendo en la capital. Gracias a la decisión que tomó, además de estar radicado en la Villa Deportiva, recibe un apoyo económico por parte del Instituto Departamental del Deporte. Es también “primíparo” en la universidad, pues comenzó sus estudios de contaduría pública en el Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid. A todas luces la vida le ha cambiado en menos de nueve meses. Se le iluminan los ojos cuando habla de lo que le ha pasado. Extraña como el que más a su familia. Lejos quedaron papá, mamá y sus seis hermanos. Uno de ellos, Jhonatan, también es rugbista. Los demás siempre lo apoyaron en el momento de tomar esta trascendental determinación.

En casi todos los grupos deportivos hay un personaje. Algunos atletas son más tímidos que otros. Él, definitivamente, no es los más callados. Arrastra ese ancestral sabor de los nacidos en Urabá. Lleva la música y el baile en la sangre. Le gusta cantar, se ríe y se burla de sus compañeros, al ritmo que discuten las jugadas y las posiciones que deben adoptar en la cancha. Participan como equipo en la primera versión de los Juegos Nacionales de Mar y Playa que se realizan en el archipiélago de San Andrés y Providencia. Él ha sido una de las grandes figuras del torneo.

A la espalda el número siete lo identifica. Se lee además en su camiseta la inscripción, “Selección Antioquia de Rugby”. Esto de hacer parte de un seleccionado departamental se constituye en un asunto de máxima responsabilidad, con el rugby y con la familia que lo extraña en Urabá. Sueña con integrar además el combinado nacional de mayores.

Cuando llegó a Medellín era más pequeño y delgado. Su fisonomía, pensamiento y hasta el estilo de vida han cambiado. Va casi a diario al gimnasio para fortalecer los músculos que en cancha, entran en contacto con el rival. El rugby es un “deporte de caballeros”, pero es fuerte, de choque y de constante fricción. Tiene las manos ásperas y grandes, como las que se requieren para agarrar con fortaleza el ovoide. Tiene además ese delicioso acento característico de las gentes del Urabá antioqueño. Se llama Jhon Arley Urrutia y nació en la tierra en la que casi todos son alegres, rítmicos y fiesteros.

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